Milímetros

 

master

Vi “The Master” hace algunas semanas, y la verdad es que no me decepcionó. Desde que me enteré que no era posible ver una copia en 70mm en ningún cine de España, me hice a la idea de que no habría ninguna diferencia entre la proyección digital que iba a ver en los cines Icaria de Barcelona y la calidad de cualquier otra peli vista en la misma sala. Pero la verdad es que a pesar de lo diminuto de la sala, y de soportar la distorsión de unos altavoces rotos, había algo ahí, sobre todo en los planos-retrato, que sobrepasaba en mucho el impacto de los habituales 35mm o el 2k al que estamos mal acostumbrados. Ese “algo” se debía sin duda al uso del negativo de 65mm, y salí realmente entristecido de no poder visionar la peli en su glorioso formato original.

Y es que creo que ha sido nuestra última oportunidad. Fuji y Kodak no hacen más que discontinuar emulsiones una tras otra, y filmar con negativo (no digamos ya en 65mm) pronto será literalmente imposible. Paul Thomas Anderson se ha empeñado en que existan copias (concretamente 17) que no han pasado por el Digital Intermediate, así que son completamente analógicas. Unos pocos planos (un 15% de la peli) fueron hinchados de 35 a 70, pero estas 17 copias sólo han recibido tratamiento químico. Aún me resisto y sigo buscando aprovechar alguna oportunidad de verlas en una sala que cuide al detalle la proyección, tal como PTA y su equipo cuidaron la cinematografía de “The Master”. Para ello habrá que viajar lejos, o con suerte aprovechar algún pase en el sur de Francia, por ejemplo.

Aquí algunos artículos: muy interesantes, y un poco menos, pero todos ellos epitafios técnicos sobre el fin de una era.

Y un teaser con un plano descartado que da gloria verlo.

 

Un grande de verdad

De repente me sale en un twitter que el mayor goleador en un año no es Messi, sino Chitalu, un oscuro jugador zambiano que marcó… ¡107 goles! en 1972, justo el mismo año que Müller. Intentando saber de donde sale semejante personaje y noticia, doy con el artículo de Roncero (quién si no), que en su habitual chusquero y surrealista estilo usa a Chitalu para menoscabar los méritos de Lionel.

Leyendo algunos de los comentarios, descubro la página de la Wikipedia donde aparecen todos los récords del fútbol, así en general. Ahí descubro que Messi inscribe su nombre en un buen puñado de apartados, y Cristiano solo en uno, el de fichaje más caro. Gracias a este detalle, la Wikipedia le da la razón a Karanka, que dijo lo que dijo. Hasta aquí la polémica messicristianista nuestra de cada día. Pero la pregunta clave es: ¿Quién tiene más peso en su equipo? Ninguno de los dos. El jugador con más peso de la historia fue Foulke.

Porque cuando me he puesto a repasar los records, el que más me ha llamado la atención es el de jugador más gordo. Y ese fue sin duda Foulke, un tipo que llegó a jugar pesando más de 150 kilos. Y ahí se hubiera quedado la cosa, si no fuera porque he seguido repasando récords, y me ha maravillado saber que el primer autogol se lo marcó Gershom Cox, del Aston Villa en 1888. Impresionante pasar a la historia por eso. Me hubiera encantado verlo, pero no está en Youtube, aún faltaban siete años para que los hermanos Lumière inventaran su cacharro.

Me he puesto a buscar entonces las filmaciones más antiguas de fútbol que se pueden rescatar, y he visto algunas joyas, como un fragmento del Arsenal de 1898, y un buen puñado de partidos de principios de siglo gracias a la colección de Mitchell and Kenyon y el BFI.

Ha sido justo ahí, repasando un Sheffield vs. Bury de 1902, cuando en el minuto 2:13 aparece un tipo rechoncho y tremendo, sacando de puerta con un patadón de escándalo. Ese portero resulta ser William “Fatty” Foulke, el hombre que se comió todos los pasteles, como cantan todavía hoy los supporters en los estadios ingleses. Aquel que, siempre según la Wikipedia, persiguió desnudo a un árbitro para matarlo en la final de la Cup de 1902.

Y así, gracias al Youtube, a Twitter y a Roncero, 110 años más tarde puedo empatizar con un referí decimonónico esperando la muerte en el armario de la limpieza, a manos del jugador más grande de la historia.

 

Justicia increíble

En un mundo real donde siempre ganan los malos, “Los increíbles” han venido para impartir justicia.

El próximo lunes 24 de septiembre, presentamos la película de David Valero en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, y antes de que las posibles reacciones me contaminen, voy a explicar algunas cosas que deben saberse.

Que “Los increíbles” es un artefacto extraño y poderoso. Luce con orgullo su etiqueta de documental, y explota las armas que se le suponen a un buen exponente del género. Por ejemplo la espontaneidad de unos personajes que hacen de ellos mismos, y que desarman fácilmente 30 años de carrera del mejor alumno del Actor’s Studio. O un montaje que empuja la película de forma imparable y siempre hacia adelante, manejando con maestría tres tramas paralelas sin caer en el peligro de desequilibrio que eso supone.

Pero es en ciertas elecciones donde la peli escapa de la órbita del mero documental al uso. Al optar por el formato scope, por ejemplo. O obviando la voz en off en favor de una banda sonora creativa, donde el ritmo lo marcan los microondas y los escáneres médicos, contrapunteando el atmosférico score de Vincent Barrière. Y unos minutos de animación de propina que conectan a todo el universo Marvel y DC con San Vicente del Raspeig.

Ahí está el gusto por el encuadre y el desencuadre, los fueras de campo, las elipsis, el uso de los silencios y los espacios vacíos. Resortes asociados desde siempre al mejor cine de ficción, del que últimamente vamos tan escasos. Y aún hay más.

Porque en ciertos momentos, en secuencias críticas donde sólo se podría esperar una cámara oculta o simples planos robados, David hace gala de una planificación y unos ángulos de cámara dignos del mejor storyboard. Simplemente, no sabía que era imposible, y lo hizo así.

Que nadie se lleve a engaño por la evidente austeridad y la escasez de mimbres con la que está manufacturada “Los increíbles”. Hay mucho cine, del de verdad, del grande, hecho (entre otras) con una Canon HV30 de plástico con la que los turistas japoneses sacan desenfocados y temblorosos a los angelotes de la Sagrada Família.

A veces los malos no siempre ganan.

Gracias a Rebor y a todo su equipo de Donosti por sacarnos de los campos de tierra y dejarnos pisar por una tarde el siempre impecable césped de Anoeta.

Frame by frame

Ya he contado aquí que algunos domingos me paso por el Mercat de Sant Antoni. Últimamente menos: al haberse desplazado a la calle Urgell por las obras algo del encanto se ha perdido.

Este último domingo me acerqué y acabé comprando por 3 euros el libro “Imágenes”, una compilación de textos y conversaciones de y con Bergman. Los primeros capítulos dedican gran parte del texto a “Persona“, una película que no habia visto. Hasta ahora.

Detuve la lectura y me propuse seguir con ella una vez hubiera subsanado la incidencia. Al final he visto “Persona” pero aún no he reanudado el libro, quizás porque temo que me va a pasar lo mismo con las otras pelis que me faltan, como “La hora del lobo”, o “El rito”… Pero dudo que me causen tanto impacto como ésta. Creo que el paso del tiempo le ha sentado bien a “Persona”, quizás (y de nuevo) porque que tenía todos los números para que el tiempo demoliera su discurso. El título de trabajo original era “Cinematografía”, y eso dice mucho de la pretenciosidad del amigo Bergman. Y esa pretenciosidad, que en otros es copia y vacío, es lo que ha conseguido que “Persona” se mantenga más fresca, más misteriosa que el día de su estreno.

Bergman nos recuerda que todo esto no es más que un fotograma detrás de otro y (a veces) un sonido que acompaña todo el asunto. La trama más críptica y la actuación más intensa no son más que un frame, y luego el otro y otro más. Al final el celuloide pasa por todos los engarces del proyector y queda dando vueltas en la bobina, la pantalla en blanco, iluminada completamente con la luz limpia que proporciona el arco de carbón, y que ningún proyector digital puede aspirar a igualar.

Un año complicado

Los ensayos de Máxima Pena

Poniéndolo todo en perspectiva, y en un momento en el que parece que todo se desmorona, rescato el 2005, cuando tuve que irme al extranjero a trabajar porque parecía que en mi país no había sitio para mí. En medio de aquel caos, volví a rodar después de 4 años, un corto en una mañana. Aquel corto era “Máxima pena” y le debo mucho.

Siete años después, y en el plazo de una semana, hemos renovado los contratos de distribución internacional de “Máxima Pena” y “Libre Indirecto”. Dos serias distribuidoras, Future Shorts en el Reino Unido, y Kurz Film Agentur en Alemania, confían todavía en la carrera comercial de ambos cortos por cinco años más. “Son unos clásicos”, me dicen. Hemos restaurado la imagen en HD y remezclado el sonido. Están listos para verse en las salas con nuevos proyectores digitales.

Hace poco recibí una carta de un profesor de cine de la universidad de Ankara en Turquía. Durante años había usado el inicio de “Sed de mal” para explicar el plano secuencia a sus alumnos. Ahora me escribía para comunicarme que desde que vio mis cortos utilizaba “Máxima pena” en lugar del fragmento de Mr. Welles.

Nadie se acuerda de los almacenes italianos y alemanes que ayudé a informatizar para ganarme la vida en el verano de 2005. Fue un año complicado.

18 300 kilometers = 11 371.0928 miles

Supongo que no hace falta meterse 11.371,0928 millas en el cuerpo para rodar una película. Se puede encender la cámara en la habitación de uno y punto. O ni siquiera eso, trabajar con metraje rodado por otros, montarlo y sacar películas estupendas.

Lo que marca la diferencia en este caso concrecto es que yo no elegí este viaje fílmico, sino que él me eligió a mí. Tenía sin embargo dos opciones, aceptar el asunto o quedarme en casa, y elegí la primera, aún con todos los condicionantes en contra. La peli aún tiene mucho recorrido por delante, pero ya puedo decir que la aventura ha valido la pena. Recorrimos 14 estados, hicimos 12mil kilómetros por aire y más de 6mil al volante. Teníamos todos los números para caer por el precipicio como lemmings sin rumbo, pero cada destino nos iba encauzando al siguiente por arte de magia, como si una mano invisible nos guiara al mejor de los espacio-tiempos posibles.

Algo de suerte ha habido en todo esto, pero no es la causa principal.  Allí estaban N., L. y J., como si ir de motel en motel y plantar el trípode a la mínima oportunidad fuera su designio vital.

Les debo una película, espero poder recompensarles pronto.

Cine americano

En “Take shelter“, el protagonista, Curtis LaForche (Michael Shannon) detiene su coche un momento en la cuneta. Es de madrugada, su mujer y su hija sordomuda duermen dentro, ajenos a la actividad de su marido/padre. Curtis sale del auto, y durante un buen rato observa la actividad de unas nubes tormentosas en el horizonte. El ruido de los truenos le llega amortiguado (y algo de música contrapuntea la escena, si no recuerdo mal).

Curtis mira a su mujer e hija, y también  hacia atrás, a los coches que siguen pasando por la carretera. La única frase de diálogo es: “¿Alguien está viendo esto?”

Mi secuencia favorita de una gran película.

Empezando desde cer0

Han pasado más de 10 años desde la primera entrada de este blog. Nunca releo ninguno de los textos que he ido dejando caer por aquí, solo lamento a veces haber dejado correr demasiado tiempo entre post y post, y su progresiva asepsia y despersonalización con el paso de los años. Hoy twitters y facebooks amenazan el formato blog, pero creo que la mayoría de las veces sólo aportan barullo y ruido.

Simplemente dejar plasmada aquí la sensación conocida de estar recomenzando desde la nada una vez más. Los últimos días han sido verdaderamente difíciles, pero la capacidad de resistencia resta incólume.

Este jueves estaremos grabando el show de Rachel Arieff, “Let’s get mugged”, en Robadors 23 de Barcelona. Dos días de rodaje me esperan en Obón, acumulando material para “Revelado y contactos”, y hay un cortometraje en camino, a medias con Pere Pueyo.

Dentro de diez años volveremos a recomenzar.

Contact Proof – The Pitching


Ya hice el pitching de “Contact Proof” (Revelat i contactes) en el Docs Barcelona. Muchas gracias a la organización y a la gente que lo hace posible.

Ha sido toda una experiencia, cuyos resultados financieros para mi proyecto están por ver, pero que a mí me ha servido muchísimo para avanzar en la peli. En comparación con los otros proyectos que ví, el mío era de los más personales y difíciles de vender. Pero creo que no fue mal el asunto, por la tarde tuve un feedback bastante bueno de los comission editors con los que me entrevisté.

Muy pronto, la peli estará lista.