Programa doble

ProgramaDoble

Timecode sigue yendo por ahí a festivales, y todo indica que así va a continuar en los próximos meses. No tenemos página de Facebook del corto, ni blog, ni nada. Yo remito siempre a la de Marvin & Wayne. El caso es que se ha proyectado en algunos festivales ya, y me consta que hay gente que quería verlo y se ha enterado a posteriori de algún pase. Mal. Sirva como excusa que he estado fuera de juego unos cuantos días, demasiados, por causas ajenas a lo ajeno, pero prometo informar a partir de ahora, aquí, por adelantado, de fechas y lugares dónde se va a proyectar. Sobre todo si va a ser en festivales españoles.

El próximo jueves día 7 a las 22:30 lo echan en la playa de Ocata, dentro del Festival Fascurt, el Festival de Curtmetratges del Masnou. Será el estreno festivalero en Catalunya, y haré lo posible por estar presente. Lo que hace singular la sesión es que por un azar del destino y del comité de selección, Timecode es el penúltimo de la sesión. El último es The Walker, de mi hermano Adán Aliaga.

Hace ahora justo 21 años, Adán y yo pagamos a medias y de nuestro bolsillo, una pasta en miles de pesetas para alquilar la sala grande del cine Verdi. Repartimos unos flyers por los bares de Gracia, y llamamos a los colegas de siempre y a alguno nuevo. No acabamos llenando la sala, pero allí nos juntamos unos cuantos bastantes. Por aquel entonces ni él ni yo le poníamos todavía títulos en inglés a nuestros cortos. Para los dos era nuestra primera vez en 35mm, y eso significaba algo, no sabíamos exactamente qué, pero poder rodar en 35 tenia una mística a la que no le encuentro analogía en el mundo digital, por muchas K que le eches a un sensor.

La verdad es que no recuerdo demasiado cómo nos fue el pase. Estoy convencido que el mío gustó mucho más que el suyo, pero no tengo pruebas al respecto. Lo que sí que recuerdo es que esperamos los dos a que el proyeccionista nos devolviera la lata, y con ella debajo del brazo nos fuimos a celebrarlo al Nostromo.

El próximo jueves se pasarán un corto suyo y uno mío, seguidos, por segunda vez en 21 años. Yo no me lo perdería. Adán no podrá estar. Yo recogeré su lata.

Otra Ficción

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Mañana comienza un fin de semana curioso. Rodamos una ficción que hemos escrito Pere Altimira y un servidor. La última fue el 2010, y aunque el tiempo se estira y se encoge últimamente como un muelle, 5 años me parecen ahora demasiados. Me conjuro para que no vuelva a pasar algo así. Entre Tilt y Maxima Pena transcurrieron 3,  y se me hicieron un mundo. Ahora todo es muy diferente. Todo el foco puesto en ver si sacamos 15 minutos decentes de todo lo que capturen la Epic Dragon y las GoPros que llevamos. Acostumbrado a trabajar casi a solas últimamente, me maravillo de lo cojonudo que es tener alrededor un equipo como dios manda. Tomad nota.

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Sentar la Cabeza / Desenfreno Total

Recuerdo como me sentía a los diecisiete: era un gato, una serpiente, un lagarto, un ratón…
también me atraía lo de tener un buen carro y una esposa, y un crío, casa en el campo, piso en Londres.
Voy a pirarme a una isla en cuanto termine el verano, voy a liarla a tope,
beber más que un pez en una tromba marina,
formo parte de una corriente
que viene de lejos, y a estas alturas debería saber
que no tiene fin.

Hay tanto que recordar, hay tanto que olvidar: en nosotros está nuestro futuro, aunque lo desconozcamos aún.
El espíritu se hace carne, y la carne espíritu... buscamos respuestas en la cara de la Esfinge, pero no sirve de mucho.
Atrapados entre vejez y belleza, experiencia y juventud, sentimos una acuciante necesidad de algún tipo de Verdad.
Pero a veces nos dejamos atrapar, pillados entre oportunidades desperdiciadas, malgastadas.
Así que mejor unirse a la danza de los malgastadores: esa que es rápida y lenta a la vez,
cualquier cambio es preferible a quedarse estancado,
fosilizado.

De verdad que tengo vocación por Sentar la Cabeza,
pero en cuanto comienza a sonar la canción,
me pierde la menor promesa de Goce Total...

eres tan joven, tan viejo, lo atrapas, se te escapa, es tan jodido
de explicar
casi lo tienes, vas muy mal, tan joven, tan viejo, tan raro, tan fuerte, tan jodido
de explicar... tan cerca, tan lejos, tan joven,...

Verano

Basado en una historia real, por respeto a las víctimas se han cambiado los nombres.
Los hechos se reflejan tal como ocurrieron, solo que congelados en el instante equivocado.
Fotos colgadas ahí en los muros, gente paseando y deteniéndose unos segundos frente a cada instantánea.
Aunque inevitable la carga de melancolía, las películas se hacen a sí mismas, rebeldes ante sus supuestos creadores.
Defensor del potencial de la ficción, descubridor de la impostura de todas, ellas.
Incapaz de ceñirse a unos diálogos pre-escritos nunca más.

Diapos

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Encontramos hace seis años unas diapos que dábamos por desaparecidas, se las enseñé a la familia y al gato. Unos cuantos miles de millas después, existe una película, y pronto se podrá ver.

Afrontar cada proyecto como si fuera el último se ha convertido en una costumbre, pero esta vez me lo he llegado a creer. Del camino me quedo con el aliento recibido de gente que no sabía que me lo estaba regalando. Ahora me encuentro redactando los títulos de crédito, escuchando las voces, en cuatro idiomas diferentes, de la banda sonora. Repaso nombres de gente que aparece en la peli, otros que el montaje ha dejado fuera. Es el momento de poner en marcha la siguiente, que volverá a ser la última.

 

Floppies

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Escasos cómics con funda de plástico entre mi desordenada y rala colección. Los "Optic Nerve" de Tomine sí, porque los acostumbraba a comprar por correo a Drawn & Quarterly y así venían ya, enfundados. Ahora acabo de leer del tirón los números doce y trece que, evidenciando la escasa productividad del amigo, coinciden con los años en los que han sido editados. Tres delgados comic books en cuatro años no son para tirar muchos cohetes, pero es que Tomine se casó, tuvo un hijo, ahora ilustra portadas del New Yorker, y eso tiene que notarse.

En estos dos últimos Optic Nerves (el 12 y el 13, repito) Tomine se resiste a la desaparición de los floppies, los comic-books de tapa blanda. En ellos documenta también su resistencia a tener presencia en la red; nada de tablets, facebooks, twitters, emails... Una especie de rebeldía nostálgica que no entiende nadie: ni sus colegas, ni los lectores, ni siquiera sus editores. Lo cierto es que no hay nada de romántico en la postura de Tomine. Se sabe superado por la ola, y sin embargo sigue publicando cartas recibidas exclusivamente en papel, y editando nuevas entregas en forma de comic-book, aunque ahora sea una vez cada año y medio.

No quiero decir que me sienta identificado con Tomine, pero justo hoy reflexionaba con un colega sobre lo de ver pelis a golpe de click. La conversación ha acabado recordando a un artista cuyo nombre olvidé, pero que sólo mostraba sus películas de Super-8 si eran proyectadas sobre su propio cuerpo. Ahí queda.

Eso sí, el Optic Nerve número 13 contiene una historia titulada "TRANSLATED, from the JAPANESE," que es de lo mejor, de aquello que te hace levantar del sofá y ponerte a escribir un post después de 6 meses.